Ciencia
Vitrificación, explicada sin tecnicismos
Un óvulo es la célula más grande del cuerpo humano y está llena de agua. Ese es todo el problema. Al congelar lentamente, el agua forma cristales de hielo que rompen las estructuras internas de la célula.
Congelar tan rápido que el agua no alcanza a ser hielo
La vitrificación reemplaza parte del agua con crioprotectores y luego baja la temperatura a una velocidad enorme, del orden de miles de grados por minuto. El líquido no alcanza a organizarse en cristales y pasa a un estado vítreo, como vidrio. De ahí el nombre.
Esto cambió el panorama. Con la congelación lenta anterior, una parte importante de los óvulos no sobrevivía a la descongelación. Con vitrificación, las tasas de supervivencia reportadas en buenos laboratorios son sustancialmente más altas, y por eso en 2012 la Sociedad Americana de Medicina Reproductiva retiró la etiqueta de experimental a la criopreservación de ovocitos.
Lo que la técnica no resuelve
La vitrificación protege al óvulo del proceso de congelación. No mejora al óvulo. Un ovocito de 38 años congelado con la mejor técnica del mundo sigue siendo un ovocito de 38 años cuando se descongela, con la misma probabilidad de alteraciones cromosómicas que tenía el día que se extrajo.
Congelar detiene el reloj del óvulo, no lo regresa.
Por eso la variable que más pesa en todo esto no es la clínica ni la técnica: es la edad a la que congelas. Y por eso el costo de esperar dos años a juntar el dinero no se mide solo en pesos.